viernes, 15 de febrero de 2019

Tornado

Existen personas, pocas, que llegan a tu vida para brindarte todo el cariño, alegría y la seguridad que puedan y desde el día en que anuncian su llegada, todo cambia. Son como ese sol característico de un día de verano, esos que te dan ganas de salir y conquistar el mundo, arrasar con todo a tu paso, esos que todo se vuelve más cálido, más dorado y brillante, y la vida no parece tan pesada, ni tan fría. Yo, tengo la suerte de que seas vos quien haya entrado en mi vida.
No recuerdo bien como era mi vida antes de que aparezcas y choques con ella, supongo que aburrida y por eso no recuerdo mucho. Vienen a mi mente mis días rutinarios y perfectamente planificados: el estudio, actividades, emociones, pensamientos, todo tenía una estructura, un momento y lugar determinado. Hasta que apareciste vos como un tornado a cambiarlo todo, a reordenar y remodelar mi vida a tu antojo. Llegaste para sacudir mi rutina y tirarla por la ventana sin piedad. Desde que llegaste vos no tengo miedo de ser quien soy, mis risas suenan más fuertes y hasta más seguido; también sonrío mucho, debe ser por alguna tontería tuya, algo lindo que dijiste, o solamente por el recuerdo de tu existencia y lo importante que sos para mí. Ocupas mis días, tardes y noches, mis viernes por la madrugada y domingos durante el solsticio, cuando quizás soy un poco más triste y melancólica, estás ahí, o cuando simplemente no encuentro fuerzas para levantarme de la cama, siempre estás ahí, en mi mente, en chat o en persona para hacerme inmensamente feliz y apoyarme en todo lo que haga.
Por momentos el amor que te tengo explota en cada parte de mi ser, y me dan ganas de confesártelo todo, hasta la última gota, hasta la última palabra, hasta el último sentir, dándole espacio a la desenfrenada necesidad de mostrarte todo lo que provocas en mí, todos esos tornados en mi interior, pero nunca encuentro el modo ni la forma de expresarlo en su totalidad, así que voy dejando porciones en cada gesto, cada beso, cada caricia y cada abrazo que te doy.
Me costó mucho encontrarte, muchas lágrimas, muchas estaciones, muchas canciones, mucho tiempo, pero acá estas. No sé cuánto dures en mi vida, acomodando y desacomodando rincones de mi ser, pero espero que sea mucho, o por lo menos lo suficiente para que seas lo primero y lo último que vea cada mañana, para compartir miles de cafés, mis comidas favoritas y muchos viajes por ahí, descubriendo paisajes, donde sea. A veces no deseo que sea para siempre, sino lo que tenga que durar, que estemos porque queremos, y no por estar, pero a su vez deseo que sea para siempre, que siempre queramos y tengamos ganas de seguir estando. Que vivas siendo un tornado para mí.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario