sábado, 23 de febrero de 2019

Más

Vos y tu hermosa costumbre de hacerme sentir más, colocándome en ese pedestal que parecías tener disponible sólo para mí. La forma en la que me hablas, me besas, me tocas, me miras, siempre son con fascinación, como si fuera más de lo que soy. En ocasiones he llegado siquiera a preguntarme si realmente me miras a mí, si ves lo que yo veo, hasta que me di cuenta que no, no vemos lo mismo y es porque vos me miras con amor, con suavidad sobre todo, porque aprecias lo que ves dentro de mí, no sólo mi cuerpo.
 No hubo una parte de mi piel que hayas dejado sin tus besos, y yo pensaba, sin decirte nada, que jamás me había sentido tan linda antes como a través de tus tacto o de tus ojos, que no me miraban sino que me prestaban atención, y que me hacían sentir, mientras se posaban en mí, que no estaba tan rota, y realmente me quedaría a vivir en ese preciso instante en el que me miras como solo vos sabes hacerlo.
Donde yo veo defectos vos admiras magia y lo haces inconscientemente, no te esmeras para lograr esto ni andas tapándote los ojos ante las cosas que no son precisamente lindas. No te das una idea como envidio que puedas verme así, de una forma tan natural, cuando yo llevo años intentando llegar a poder verme aunque sea la mitad de como me ves vos.
Vos y tu hermosa costumbre de hacerme sentir más cuando todo mi entorno siempre me hizo sentir menos. Es que mi guerra con mis propios ojos estaba ya pérdida, yo ya había renunciado a quererme y había perdido, pero vos me observabas tan distinto... 
Vos y tu hermosa costumbre de hacerme sentir más, más linda, más inteligente, más valorada, más merecedora, más viva, más querida, más feliz. 
Vos y tu hermosa costumbre de hacerme sentir más. Espero que no dejes de hacerlo nunca, porque realmente me gusta sentirme así.

viernes, 22 de febrero de 2019

Palabras

Me pregunto si la gente sabe lo que dice, si son conscientes o cuidadosos, porque a veces demuestran lo contrario. 
Las palabras que usamos son el reflejo de lo que somos, de lo que queremos mostrar. La mayoría de las ocasiones suelen ser utilizadas con violencia, para hacer sentir mal al otro. Me pregunto si soy muy sensible por ponerme mal con cosas que se dicen, o más precisamente, que me dicen. Es posible que la que esté mal sea yo por no ser lo suficientemente fuerte como para soportarlas sin venirme abajo, ¿Será que no vine preparada para soportar tantas personas crueles?, ¿Será que me ganan los malos tratos?, ¿Será que ellos están en todo su derecho de decirme esas cosas sin importar cómo me lo tome yo, sin importar que me ponga mal? O quizás tengo la obligación de no ponerme mal. Esa frase de “las palabras duelen cuando vienen de alguien que te importa” o “no te importa lo que dice sino quien lo dice” son farsa, son las mentiras más grandes que conozco, porque las palabras duelen, el dolor que provocan no distingue de orígenes, y está bien que así sea, porque somos humanos, porque no somos a prueba de balas, ni de agua. Nadie elige lo que lo hiere.
La violencia me molesta porque no la comprendo, me asusta, me inmoviliza, porque la sufrí mucho. 
Antes de ser violentos verbalmente, elijan lindas palabras, elijan el amor. 

viernes, 15 de febrero de 2019

Tornado

Existen personas, pocas, que llegan a tu vida para brindarte todo el cariño, alegría y la seguridad que puedan y desde el día en que anuncian su llegada, todo cambia. Son como ese sol característico de un día de verano, esos que te dan ganas de salir y conquistar el mundo, arrasar con todo a tu paso, esos que todo se vuelve más cálido, más dorado y brillante, y la vida no parece tan pesada, ni tan fría. Yo, tengo la suerte de que seas vos quien haya entrado en mi vida.
No recuerdo bien como era mi vida antes de que aparezcas y choques con ella, supongo que aburrida y por eso no recuerdo mucho. Vienen a mi mente mis días rutinarios y perfectamente planificados: el estudio, actividades, emociones, pensamientos, todo tenía una estructura, un momento y lugar determinado. Hasta que apareciste vos como un tornado a cambiarlo todo, a reordenar y remodelar mi vida a tu antojo. Llegaste para sacudir mi rutina y tirarla por la ventana sin piedad. Desde que llegaste vos no tengo miedo de ser quien soy, mis risas suenan más fuertes y hasta más seguido; también sonrío mucho, debe ser por alguna tontería tuya, algo lindo que dijiste, o solamente por el recuerdo de tu existencia y lo importante que sos para mí. Ocupas mis días, tardes y noches, mis viernes por la madrugada y domingos durante el solsticio, cuando quizás soy un poco más triste y melancólica, estás ahí, o cuando simplemente no encuentro fuerzas para levantarme de la cama, siempre estás ahí, en mi mente, en chat o en persona para hacerme inmensamente feliz y apoyarme en todo lo que haga.
Por momentos el amor que te tengo explota en cada parte de mi ser, y me dan ganas de confesártelo todo, hasta la última gota, hasta la última palabra, hasta el último sentir, dándole espacio a la desenfrenada necesidad de mostrarte todo lo que provocas en mí, todos esos tornados en mi interior, pero nunca encuentro el modo ni la forma de expresarlo en su totalidad, así que voy dejando porciones en cada gesto, cada beso, cada caricia y cada abrazo que te doy.
Me costó mucho encontrarte, muchas lágrimas, muchas estaciones, muchas canciones, mucho tiempo, pero acá estas. No sé cuánto dures en mi vida, acomodando y desacomodando rincones de mi ser, pero espero que sea mucho, o por lo menos lo suficiente para que seas lo primero y lo último que vea cada mañana, para compartir miles de cafés, mis comidas favoritas y muchos viajes por ahí, descubriendo paisajes, donde sea. A veces no deseo que sea para siempre, sino lo que tenga que durar, que estemos porque queremos, y no por estar, pero a su vez deseo que sea para siempre, que siempre queramos y tengamos ganas de seguir estando. Que vivas siendo un tornado para mí.

lunes, 11 de febrero de 2019

Irse

Cuando alguien decide irse, siempre me duele mucho. Me duele como si fuera la primera vez que sucede, aunque quizás me duele más el hecho de que sean cada vez más veces.
Cuando alguien decide irse, una partecita de mi se va con esa persona. La yo que me sentía. La yo que ilusamente creía que era un poquito querida. La yo que disfrutaba tener cosas en común con ese ser que decide dejar de ser, por lo menos conmigo. 
Cuando alguien decide irse, es porque realmente esa persona ya no tenía un por qué quedarse en mi vida. No encontraba motivos e hizo lo que la hizo alguien más feliz, más libre. 
Cuando alguien decide irse, comienzan las preguntas, ¿habrá sido por mi culpa?, si así fue ¿qué hice?; ¿encontraste algo en mi, que desconocías, que no te gustó?, ¿dejé de ser suficiente para vos?, ¿me convertí en alguien que te impedía ser feliz?, ¿te sobraba?
Cuando alguien decide irse vuelve mi desconfianza hacia el mundo. Pienso que seguramente todos están esperando a hacer lo mismo, a encontrar el momento justo de irse. Mi cabeza arma escenarios donde cada uno se cansa de mi, preguntándome si faltará mucho para que ese escenario se haga realidad y lo enfrente a los ojos. 
Cuando alguien decide irse me siento sola, insegura, vulnerable, triste. Luego recuerdo que no estoy sola, que, al menos todavía, siempre hay otra persona demostrándomelo, haciéndome sonreír otra vez.
Cuando alguien decide irse, prefiero que lo haga, antes que se quede y no aporte nada, aunque me duela. 

viernes, 1 de febrero de 2019

Dominguicidio

Algunos días, generalmente domingos, casi siempre de lluvia, todo parece salir bien, hasta que pensar me hace acordarme. Y acordarme me hace extrañar. Y empieza a llover adentro. Empieza a llover adentro mío, y se me nota ahí en los ojos. Me voy a mi cama, con la computadora o sólo el celu y los auriculares, y  aparecen las canciones tristes para acompañar un poco como me siento. Hoy quiero ser Liam gallagher y empezar una revolución desde mi cama. Hoy soy yo. Hoy mis preocupaciones son las que yo quiera. Hoy tengo tiempo para sentir todo lo que yo quiera. Para extrañar a esa amiga que no estuvo cuando la necesite ahí, para reírme de los que mi se rieron cuando caí, para rememorar cada batalla perdida contra el mundo, o contra yo misma. Hoy puedo dormir y ser cualquier cosa que quiera. Me gusta la yo que soy los días de lluvia, reflexiva, tranquila. No me molesta llorar, porque después de todo me recuerda que estoy viva, que siento, que todo lo que pasa a mi alrededor me pega, me duele. Que soy más que esa mina que va de casa al colegio y del colegio a casa. Que soy más que mis obligaciones y responsabilidades, o mis defectos. Que reconocer mis puntos frágiles no me hace más débil, sino que puede volverme más fuerte de lo que creía. 
Me gusta esa yo que soy cuando llueve, y por eso eventualmente cuando salga el sol, prometí no dejarla atrás.