domingo, 1 de noviembre de 2020

 Vengo a confesar mi pecado, y es que todavía a veces, ya casi nunca pero a veces me pregunto por vos. Me empiezo a preguntar, cómo estaríamos ahora? me pregunto si te acordas de mi o qué sentirás al recordar mi nombre en el caso de que alguien lo mencione, o que lo recuerdes. ¿ya no ves nuestras fotos? ¿no te acordas cuando estábamos toda la madrugada riéndonos y compartiendo momentos? tiempo que existió pero que ya no más y que muy de vez en cuando, cuando juego a que no me acuerdo todo lo que me hiciste, casi puedo sentir que te extraño. Igual, sigue siendo raro ¿sabes? porque sé que no es real. ¿se puede extrañar de mentira? quizás no sea más que un mero acto de masoquismo al que me veo condenada, quiero decir, a la incesable costumbre de extrañarte. Antes lloraba cuando pasaba esto, o cuando veía nuestras fotos, o recordaba nuestras madrugadas riéndonos y compartiendo momentos, pero ya ni eso me causas, ni siquiera me generas el dolor que antes lograbas incluso cuando ya no estabas, y de todo corazón, con la mayor sinceridad del mundo, no te quiero cerca. Porque me di cuenta que no te necesitaba tanto como creía, que al final la única persona incondicional e irremplazable, soy yo misma, la que se encargó de enterarte cuando ya no te servía.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario